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TEMA
PRINCIPAL
Educación diabetológica,
hoy
Pablo Aschner, M.D.
Subdirector Científico de la Asociación
Colombiana de Diabetes
Presidente de la Asociación Latinoamericana
de Diabetes
Bogotá, D.C.
Educar es mucho más que simplemente
brindar información sobre un tema, es preparar a alguien para que
ejecute cierta función. La educación y el control adecuado
de la diabetes evitan las complicaciones.
Estamos acostumbrados a pensar que “educar”
es el acto de transmitir conocimientos por parte de un profesor a un alumno
sobre un tema en el que se supone que el profesor es experto y el alumno
es ignorante. Si esto fuera así de simple, el oficio del profesor
tendería a acabarse en la medida en que proliferan medios de información
como las revistas, los libros, la televisión, el VHS, los discos
compactos, los DVD, la internet, etc. Todos ellos nos brindan información
sobre cualquier tema, a cualquier hora, y con una calidad excelente, aunque
no siempre con la veracidad y exactitud que creemos! Valga la pena anotar
aquí que cualquiera puede publicar su propia página web en
la internet con información aparentemente científica sin
que su contenido sea necesariamente revisado o aprobado por una entidad
científica reconocida y seria.
Sin embargo “educar” es mucho más
que simplemente brindar información sobre un tema. En términos
generales se define como “preparar a alguien para cierta función,
o para vivir en cierto ambiente, o de cierta manera”.
Desde el punto de vista constructivista
que ahora predomina en el ámbito del aprendizaje, educar es ayudar
a construir una nueva realidad. Por ejemplo en el caso de la diabetes se
trata de construir valores importantes para el cuidado de la enfermedad,
tales como el sentido de responsabilidad, de auto-observación, de
honestidad consigo mismo, etcétera.
La función del educador es generar
y observar la realización de pequeños cambios y apoyar nuevos
logros. Pequeños cambios producen nuevas realidades en una forma
circular. Por ejemplo las acciones logradas en la modificación de
la dieta y el incremento de la actividad física generan la nueva
realidad que significa tener un estilo de vida saludable. Cada paso dado
en ese sentido debe ser apoyado por el educador y permite caminar con más
confianza en sí mismo.
El objeto: evitar complicaciones
La diabetes es una enfermedad incurable
pero controlable. Ya está plenamente demostrado por varios estudios
clínicos muy sólidos que si la persona logra mantener por
años unas metas adecuadas de control de su glucemia y de su hemoglobina
glucosilada, su riesgo de desarrollar complicaciones graves como las de
la retina o del riñón se puede reducir hasta en un 75%.
Para que también se reduzca el riesgo
de desarrollar un infarto o una trombosis, se deben alcanzar metas adecuadas
de colesterol (incluyendo el “bueno” y el “malo”), triglicéridos,
tensión arterial y peso. Llegar a un acuerdo sobre estas metas y
sobre la frecuencia con la que se deben evaluar es uno de los primeros
objetivos del proceso educativo. Para alcanzarlas, el médico y el
educador solo pueden aportar ideas sobre cambios en el estilo de vida y
medicamentos, pero la persona con diabetes es quien realmente puede lograrlo.
Se requiere mucho más que conocerlas... La persona tiene que estar
muy motivada y armarse de paciencia y perseverancia porque cambiar hábitos
es muy difícil y lo es todavía más a medida que se
avanza en edad! Pero los resultados son muy gratificantes!!
Del mismo modo, los estudios han demostrado
que si las complicaciones crónicas de la diabetes se detectan tempranamente,
es posible detenerlas y en algunos casos inclusive dar un paso atrás.
Ya conocemos lo suficiente para recomendar algunos exámenes que
deben realizarse periódicamente con el fin de detectar oportunamente
esas complicaciones. Por ejemplo la medición anual de la microalbuminuria
en orina puede decirnos si el riñón está comenzando
a afectarse, y el examen del fondo del ojo o la fotografía de la
retina pueden indicarnos si ya hay compromiso de este órgano.
El examen frecuente de los pies es fundamental,
incluyendo el estado de la circulación y de la sensibilidad. La
posibilidad de tener un problema coronario puede pasar inadvertida en la
persona con diabetes debido a que no siempre le duele el corazón
cuando sufre isquemia (disminución transitoria del riego sanguíneo
de las arterias del corazón) o se infarta. Por eso los adultos con
diabetes deben hacerse periódicamente al menos un electrocardiograma
pero con frecuencia es preferible una prueba de esfuerzo. La responsabilidad
de estar evaluando estos aspectos debe ser compartida entre el médico
y la persona con diabetes!
Una persona educada no se deja convencer
Parte del proceso educativo consiste en
adquirir conceptos sólidos y claros sobre los mecanismos que llevan
a la diabetes y sus complicaciones y sobre las medidas más efectivas
que se emplean para controlarla. Una persona educada no se deja convencer
por rumores ni por curas milagrosas, y es capaz de distinguir entre lo
que tiene evidencia y lo que no. Por ejemplo existen innumerables rumores
sobre la insulina, incluyendo supuestos daños que puede causar y
su poder adictivo. Pero la evidencia indica que la insulina humana que
empleamos actualmente es tan buena como la que produce nuestro páncreas
y cuando ya éste no la produce, aplicarla permite que la persona
vuelva a controlar su diabetes e inclusive evita que algunos pacientes
mueran prematuramente.
La tarea educativa debe ser compartida.
El que menos dispone de tiempo para hacerlo es el médico, pero la
mayoría de sus conceptos e indicaciones son claves. El educador
puede apoyar muchísimo ampliando, complementando y a veces inclusive
“traduciendo” a un lenguaje comprensible lo que el médico recomienda.
Generalmente tiene más tiempo para escuchar y apoyar a la persona
con diabetes. Por eso el médico y el educador forman un equipo mínimo
adecuado. En las Unidades o Centros de Diabetes se pueden encontrar médicos
especializados y educadores con entrenamiento especial en algunos temas
como nutrición, podología, etcétera. La persona con
diabetes puede apoyarse en estos equipos, unidades o centros para su proceso
educativo. Es conveniente que indague sobre los programas que ofrecen.
Actualmente organismos internacionales
como DOTA (Declaración de las Américas) han elaborado los
estándares que debe reunir un buen programa educativo de acuerdo
con el nivel de atención y muchos Centros están adaptándose
a estos estándares. Algunos, como la Asociación Colombiana
de Diabetes, con el aval de la Federación Diabetológica Colombiana,
están ofreciendo también entrenamiento a profesionales de
la salud para que se certifiquen como educadores en diabetes.
Pero ningún programa funciona si
no logra que la persona con diabetes progrese en el manejo de su enfermedad
y mejore su perspectiva de salud y de vida. Por eso es fundamental que
todo programa educativo tenga un sistema de evaluación a través
de encuestas, valoraciones clínicas, etcétera. En este aspecto
la colaboración de las personas con diabetes es fundamental. Su
aporte, sus comentarios y sus sugerencias, son la clave para que el programa
educativo se vaya perfeccionando y adaptando a las verdaderas necesidades
de la comunidad diabética en cada localidad. De hecho, un buen programa
educativo debe tener un comité asesor conformado por integrantes
del equipo de salud, personas con diabetes y representantes de la comunidad
con experiencia en diabetes. Es la forma de alcanzar la excelencia!
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