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PIE
DIABÉTICO
Pie sano, marcha feliz
Por Maria Helena Castro García
Fisioterapeuta – Podóloga
Asociación Colombiana de Diabetes
Bogotá, DC
Use zapatos amplios para que no le
salgan callos. El cuidado e higiene rutinario contribuye con el bienestar
de la persona.
Los pies son la parte del cuerpo que tiene
que soportar el peso de la persona, el cansancio producto de una caminada
extenuante, unos zapatos estrechos y muchas veces el descuido de una mala
o inadecuada higiene. Además son la puerta de entrada de infecciones
si estos sufren heridas, golpes o se les entierra algún elemento.
En la persona con diabetes el cuidado e
higiene rutinario de los pies, el calzar unos zapatos y medias apropiados,
y un control adecuado de sus glicemias, le pueden prevenir daños
que en su conjunto llamamos “pie diabético”.
A continuación trataremos algo acerca
de la función de los pies, de cómo se forman las callosidades
que tantos problemas causan y cómo prevenirlas, todo por el bienestar
de la persona con diabetes.
El pie
Los pies, como un rompecabezas están
compuestos por varias piezas que se interrelacionan y cada una tiene su
función determinada. Los huesos, músculos, ligamentos, vasos
sanguíneos, fibras nerviosas, grasa y piel, trabajan todas en forma
armónica.
Los huesos se encuentran articulados entre
sí por una red de músculos, ligamentos y tendones que los
cubren y dan movimiento a los pies, de tal manera que éstos se adaptan
fácilmente a todo tipo de superficies por donde se desplazan y aseguran
el equilibrio estable y permanente. Al momento de caminar se encuentran
tres puntos de apoyo que son: la base del primero y quinto dedo, y el talón,
lo que permite una marcha normal. Cuando se altera cualquiera de estos
puntos la marcha es anormal, inestable y el apoyo para soportar el peso
corporal se hace en otras partes o se recarga hacia un solo punto
lo que lleva a la formación de un callo. Por ejemplo, si usa
zapato de tacón alto el peso de todo el cuerpo lo soportará
la base del primer dedo; allí habrá más roce y se
formará una callosidad.
Los vasos sanguíneos mantienen todas
las estructuras de los pies oxigenadas y le brindan los nutrientes para
su vitalidad. Las fibras nerviosas le dan la sensibilidad para poder reaccionar
ante las diferentes agresiones. La grasa y la piel protegen de los
daños que se les pueda producir. La grasa está en la planta
del pie en forma de cojines los cuales amortiguan y suavizan las fuerzas
del peso corporal al caminar.
Los callos
Una callosidad se define como el engrosamiento
de la piel en cualquier parte o entre los dedos del pie, producido generalmente
por el roce o presión de los zapatos pequeños o inadecuados.
Pueden aparecer en otras zonas diferentes a los puntos de apoyo de la marcha.
Cuando las callosidades se endurecen mucho
pueden ser dolorosas, entonces lo que se debe evitar es llegar a esos extremos
y acudir periódicamente donde el podólogo o hacerse una higiene
rutinaria de los pies para evitar que esto se convierta en un dolor de
cabeza.
¿Qué los causan?
Hay muchas cosas que causan un callo,
entre ellas se encuentran las siguientes:
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Unos zapatos estrechos o unas medias gruesas
con costuras abultadas pueden generar fricción; allí aparece
un callo como una reacción de protección de la piel.
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La mala postura conduce a una descarga de
todo el peso del cuerpo en una zona determinada, lo que resulta ineludiblemente
en un callo en este lugar.
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La deformidad de los huesos del pie que se
produce por debilidad muscular o por zapatos estrechos son un terreno abonado
para que se formen callos en la piel que cubre esas estructuras. Cuando
los dedos se deforman y parecen garras la callosidad se presenta en la
parte superior de los mismos.
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La mala circulación y la sensibilidad
disminuida en los pies de las personas con diabetes hacen que ellos no
perciban adecuadamente el roce o la presión que se ejerce sobre
ellos; entonces los callos aparecen con frecuencia y la persona los pasa
desapercibidos.
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Los dolores musculares de espalda o piernas
hacen que las personas tomen posiciones inadecuadas, con el fin de evitar
el dolor a nivel de los pies cuando camina, ocasionando los callos en las
zonas de mayor presión.
Saber qué propicia la aparición
de callosidades puede ayudar a la persona a prevenirlas. Para esto a continuación
explicaremos qué debe y qué no debe hacerse para evitar problemas.
Lo que debe hacer
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Usar un zapato amplio y suave. Cuando vaya
en busca de calzado trate de comprarlo en horas de la tarde. Antes de usarlos
permanentemente, colóqueselos por períodos cortos cada día
hasta que los pies se acostumbren a esos zapatos.
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Observe diariamente la planta de los pies
con la ayuda de un espejo colocado en el piso; esto con el fin de chequear
la aparición de callos o detectar cualquier cuerpo extraño
que se introduzca en las mismas.
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Friccione con estropajo las zonas ásperas
y, al secarse los pies, haga lo mismo con la toalla.
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Aplique diariamente crema humectante para
suavizar
la piel de los pies, excepto en los espacios que están entre los
dedos.
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Aprenda a tocarlos para que cuando sienta
cualquier aspereza o prominencia asista a podología para que le
brinden la asesoría y los cuidados que requiere. Si tiene deformaciones
en los pies lo más aconsejable es que consulte con el ortopedista.
Qué no debe hacer
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Caminar descalzo
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Tratar usted mismo los callos. Deje esa labor
en manos del podólogo
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Usar piedra pómez, lijas y limas (están
prohibidas para tratar las callosidades)
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Retirar los callos con callicidas (estos le
pueden producir ulceraciones)
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Utilizar talcos (porque la piel se le reseca).
Si usted está acostumbrado a hacerlo es mejor que consulte con el
médico o con el podólogo para que lo asesoren acerca de qué
es lo que más le conviene.
En sus manos están
sus pies.
¡Cuídelos
y caminará feliz toda la vida!
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