| Durante mucho
tiempo después de iniciada la diabetes la persona puede “sentirse
bien” a pesar de tener la glucemia alta; pero... ¡cuidado!: con el
tiempo esa glucosa en exceso en la sangre se “va pegando” a todas las estructuras
del organismo y las va dañando lentamente. Esta es la razón
del porqué su médico y los otros profesionales que cuidan
de su salud le han puesto en tratamiento, con el fin de que intente mantener
unos niveles normales de la glucemia y así evitar o retardar la
aparición o la progresión de las complicaciones crónicas
de la diabetes.
No existe una sola forma
de tratar a las personas con diabetes. Unos requieren insulina desde un
comienzo, otros se controlan muy bien con sólo “dieta” y ejercicio;
hay quienes necesitan de uno o varios medicamentos orales y hasta de pronto
de la aplicación de insulina en la noche. Debe tenerse en cuenta
que el tratamiento es “dinámico”, o sea, que hoy puede estar con
medicamentos orales pero en pocos meses o años puede necesitar insulina.
¿Cuál es el meollo de estos cambios en el tratamiento? Pues
simplemente que si no se logra el control de sus glucemias con una forma
de tratamiento debe pasarse a otra que intente mejorar ese control.
¿Cómo
saber si está bien controlado?
El examen de “rutina” que
se solicita siempre es la glucemia en ayunas que se realiza en el laboratorio
con la toma de sangre de una vena. Pero generalmente una sola glucemia
realizada de vez en cuando no es mucho lo que dice del verdadero control
y si se está aplicando insulina el médico se queda sin saber
cómo están sus glucemias antes y después de la aplicación
de la misma.
Otra forma de saber acerca
de su control es a través de la medición de la hemoglobina
glucosilada (A1c) que refleja el promedio de glucemias de los últimos
tres meses. Así, si tiene una hemoglobina glucosilada A1c en 9%
(normal 6%) indica que ha estado mal controlado por más de que su
última glucemia le haya dado normal.
Entonces se requiere otro
método que diga con mayor frecuencia el estado de su control glucémico,
sobre todo si se quiere hacer ajustes al tratamiento a corto plazo. Esto
es posible a través de los glucómetros que usted puede tener
en su casa, en su trabajo o estudio, en sus viajes o donde quiera que esté.
La acción de realizarse frecuentemente mediciones de glucosa en
sangre para hacer correcciones a su tratamiento de acuerdo con los resultados
se llama automonitoreo.
¿Por
qué debe hacerse el automonitoreo?
En la mayoría de
los diabéticos la glucosa en sangre fluctúa mucho. El tipo
de diabetes, el grado de sensibilidad a la insulina (la propia o la aplicada),
la cantidad de alimentos consumidos o de actividad física realizada,
el tipo y la cantidad de medicamentos que está tomando, son algunas
de las variables que hacen fluctuar la glucemia. Mientras no realice en
forma periódica el automonitoreo de la glucosa en sangre nunca se
podrá determinar las variaciones de la glucemia.
¿Para
qué?
El conocer las fluctuaciones
de la glucosa en la sangre da la pauta para hacer cambios en el tratamiento.
El manejo de la diabetes en cada persona es diferente e igualmente puede
variar con el curso del tiempo, por tanto el autocontrol ayuda a que esto
se haga con fundamento y no “a ciegas”.
A largo plazo, el automonitoreo
ayudará a controlar mejor la diabetes y con esto a prevenir o retardar
la aparición o la progresión de las complicaciones de esta
enfermedad
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¿Quién
necesita hacerse el automonitoreo?
El automonitoreo lo necesitan
la mayoría de pacientes diabéticos: los que están
aplicándose insulina, ya sean diabéticos tipo 1 o tipo 2;
las mujeres que durante un embarazo se les eleva la glucosa sanguínea
(diabetes gestacional); los que toman medicamentos antidiabéticos
(principalmente cuando les están ajustando las dosis o añadiendo
otros fármacos para mejorarles sus niveles de glucemia); y aquéllos
que tienen manejo no farmacológico (con sólo dieta y ejercicio)
pero no han logrado metas de buen control glucémico.
Algunos pacientes con tratamiento
no farmacológico que mantienen buen control de sus glucemias y de
hemoglobina A1c eventualmente no requieren del automonitoreo, pero se les
recomienda realizarlo cuando presenten una enfermedad intercurrente (infección,
trombosis cerebral, etcétera) que los pueda llevar a una descompensación
de su diabetes.
¿Cuántas
glucometrías debe realizarse al día?
No hay una regla fija. Esta
es una decisión que compete al equipo de salud y a la persona con
diabetes y dependerá de muchos factores entre otros del tipo de
diabetes, del control glucémico previo, de la presencia de enfermedades
intercurrentes, de las instrucciones recibidas para el autoajuste en la
dosis de insulina y, por supuesto, de la disponibilidad de dinero.
Si la persona es diabética
tipo 1 se requiere del ajuste periódico de las dosis de insulina
de acuerdo con las glucometrías realizadas antes y después
de los principales alimentos. En Estados Unidos de Norteamérica
es muy común que le recomienden hacerse glucometrías antes
de las tres principales comidas y de acuerdo con el resultado ajustar las
dosis de insulina regular o lis-pro. Si está elevada la glucosa
en sangre, se pondrá más insulina, y viceversa. Igualmente
le recomiendan realizar la glucometría antes de acostarse para vigilar
que no esté demasiado alta o baja. O sea, termina haciéndose
3 ó 4 glucometrías al día. Este esquema tiene sus
ventajas al vigilar las glucemias preprandiales, pero no tiene muy en cuenta
las glucemias posprandiales que en último término serían
las que deberían orientarnos a ajustar las dosis de insulina regular
o lis-pro que deben utilizarse antes de las comidas.
Un esquema simple y “económico”
para la persona que se aplica insulina o toma medicamentos antidiabéticos
orales es que se realice un automonitoreo “escalonado” que consiste en
que un día se haga la glucometría antes y 2 horas después
del desayuno, otro día antes y 2 horas después del almuerzo
y otro día antes y 2 horas después de la comida. Adicionalmente
se le recomienda que cada 7 días realice una glucometría
entre la 1 y las 3 de la mañana. De acuerdo con la “tendencia” de
las glucometrías en los diferentes momentos se harían los
ajustes en el esquema de las dosis de insulina o de los medicamentos antidiabéticos
orales o de la cantidad de alimentos o de ejercicio.
Una glucemia alta aisladamente
no debe alarmar; pero si después de varios días se ve que
siempre están altas a determinado momento del día, por ejemplo
2 horas después del desayuno, esto nos indicaría que la persona
necesita un poco más de insulina regular o cristalina (o lis-pro)
o aumentar la dosis del medicamento antidiabético oral antes del
desayuno.
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