EDITORIAL
Dr.
William Kattah .
Presidente
Federación
Diabetológica Colombiana |
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En los albores del
siglo XXI, hemos atravesado el umbral que nos conduce a ser testigos
de la más grande epidemia en la historia de la humanidad: “La diabetes”.
Hoy, en el mundo, son 177 millones de personas las que padecen esta enfermedad
y en el 2025 serán 350 millones. Esta epidemia se presenta
tanto en países desarrollados como en países en vía
de desarrollo. Colombia no es ajena a este flagelo. Actualmente hay un
millón de personas con este diagnóstico y se
calcula en el 2025 habrá cerca de dos y medio millones.
En los países desarrollados,
donde la diabetes es la cuarta causa de muerte, el presupuesto destinado
a la atención de la enfermedad es cuatro veces mayor que el de los
no diabéticos; en la última década este presupuesto
se duplicó y lo más grave es que, continúa aumentando.
En los Estados Unidos su costo llega a los 9 billones de dólares.
Una de las complicaciones
más importantes de la diabetes es la enfermedad renal. Cerca de
la tercera parte de los pacientes la presentan, el 25
y 10% de los diabéticos tipo 1 y tipo 2, respectivamente,
terminarán con insuficiencia renal crónica terminal,
complicación grave, que implica una alta morbilidad, una alta
mortalidad y un elevado costo que hace insuficientes los más abundantes
y generosos presupuestos en salud. Cuando revisamos las estadísticas
colombianas, de las 10.000 personas que están en diálisis
4.000 son diabéticas. El costo anual de la diálisis
es cercano a los 35 millones de pesos lo que nos da una suma aproximada
a $ 400 mil millones de pesos, de los cuales 140 mil se invierten en pacientes
diabéticos, cifra escandalosa, para nuestro restringido presupuesto.
Los datos anteriores nos
hacen reflexionar. ¿Hacia dónde vamos? ¿Con qué
recursos se atenderán estos pacientes? ¿En los próximos
años cuando los recursos en salud de nuestro país sean insuficientes
para tratar graves enfermedades asociadas con el subdesarrollo, presenciaremos
una catástrofe en salubridad? y es en ese momento de la reflexión
cuando surge el concepto de prevención y decimos: “Todavía
es tiempo de actuar”.
¡Si! todavía
es tiempo de actuar en diabetes. ¿Cómo? A través de
la educación porque con ésta se previene. Educando a la comunidad
en general y a los pacientes diabéticos en particular para
que adquirieran hábitos saludables de vida como mejorar las costumbres
de alimentación e incrementen el ejercicio. Educando a los
trabajadores de la salud para que cada día adquieran más
pericia en el diagnóstico temprano y manejo de los pacientes y sus
complicaciones y haciendo que las empresas promotoras y prestadoras
de salud tomen conciencia para que reconozcan el problema, lo acepten y
actúen en consecuencia.
Especial referencia merece
esta última afirmación. Es un deber de ley que las empresas
promotoras de salud en Colombia gasten el 10% de su presupuesto en
promoción y prevención. ¿Cuántas de ellas están
cumpliendo con este deber constitucional?
Existe el adagio popular
que dice: "lo barato sale caro". Y en diabetes esto si que es cierto. La
educación puede elevar los costos de atención de un paciente
pero estos gastos son infinitamente menores a los que implica el sostenimiento
de un programa crónico de diálisis, luego, es definitivamente
mejor prevenir invirtiendo en educación.
Dr. William Kattah .
Presidente
Federación Diabetológica
Colombiana
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